¡Hola de nuevo compañer@s! Hoy os voy a contar la importancia sobre el cultivo de la veza y la cebada en la época de descanso del suelo en el cultivo de la sandía. 

La utilización de veza y cebada como abono natural antes de la plantación de la sandía es una práctica agrícola que ya se utilizaba en la antigüedad, dado que mejora la fertilidad del suelo de manera natural y sostenible. 

Ambas especies actúan de forma complementaria y favorecen el desarrollo posterior del cultivo. Pero, ¿Por qué funciona tan bien la mezcla? La veza aporta nitrógeno y la cebada aporta biomasa, estructura y protección del suelo. Además, la cebada sirve de soporte natural para el crecimiento de la veza. 

Respecto a la cantidad de kilos que se cultivan por hanegada, hay que decir que de veza se cultiva unos 12,5 kilos y de cebada unos 3 kilos por hanegada. Entre los beneficios principales destacamos los siguientes.

1.   Aporte natural de nitrógeno.

La veza es una leguminosa, y como toda leguminosa es capaz de fijar nitrógeno atmosférico mediante bacterias presentes en sus raíces. Estas bacterias forman nódulos en las raíces de la planta y capturan el nitrógeno presente en el aire, transformándolo en formas que posteriormente pueden ser aprovechadas por los cultivos. 

Cuando la veza se incorpora al suelo antes de la plantación de la sandía, la planta comienza a descomponerse y libera parte del nitrógeno acumulado en sus tejidos. Este proceso proporciona una reserva natural de nutrientes durante las primeras etapas del cultivo, favoreciendo el desarrollo vegetativo de la sandía y reduciendo la utilización de fertilizantes químicos. 

Además, el nitrógeno liberado se encuentra asociado a materia orgánica, lo que permite una disponibilidad más gradual y eficiente que la obtenida con algunos fertilizantes químicos de rápida liberación.

Por otro lado, una mezcla que también es muy interesante para el cultivo es 7 kilos de veza, 7 kilos de haba y 3 kilos de cebada por hanegada la cual tiene la misma función que la anteriormente explicada. 

2.   Incremento de materia orgánica. 

La mezcla de veza y cebada produce una elevada cantidad de biomasa tanto aérea como radicular. Alrededor de un mes o mes y medio antes de plantar la melonera, la veza y la cebada es triturada e incorporada al terreno, esta biomasa se transforma progresivamente en materia orgánica y humus. La materia orgánica es fundamental para la salud del suelo porque:

  • Favorece la actividad de bacterias y hongos beneficiosos.
  • Incrementa la disponibilidad de nutrientes.
  • Mejora la capacidad de intercambio catiónico.
  • Favorece la formación de agregados estables.
  • Estimula los procesos naturales de fertilidad.

En el caso de la sandía, un suelo rico en materia orgánica facilita el desarrollo de un sistema radicular más potente, es decir, que las raíces son capaces de extenderse mucho más, al mismo tiempo que también son capaces de explorar un mayor volumen de terreno y aprovechar mejor el agua y los nutrientes disponibles.

3.   Mejora de la estructura del suelo. 

La cebada posee un sistema radicular abundante y fibroso que penetra en el suelo formando una extensa red de raíces. Estas raíces ayudan a romper capas compactadas y generan canales naturales que permanecen incluso después de la descomposición de la planta. Gracias a este efecto se consigue:

  • Mayor aireación del terreno.
  • Mejor infiltración del agua.
  • Mayor desarrollo de las raíces de la sandía.
  • Reducción de problemas de compactación.

La mejora estructural se traduce en una planta más equilibrada y vigorosa, especialmente durante los primeros meses de crecimiento.

4.   Mayor retención de agua. 

La materia orgánica generada por la mezcla actúa como una auténtica esponja natural. Cada incremento en el contenido orgánico del suelo permite almacenar una mayor cantidad de agua útil para las plantas. Este aspecto es especialmente importante en el cultivo de la sandía porque:

  • El cultivo presenta una elevada demanda hídrica durante la parte de formación y aumento de la sandía.
  • Los periodos de calor intenso pueden provocar estrés.
  • Una humedad más estable favorece el engorde de los frutos.
  • Se mejora la eficiencia del riego.

En zonas mediterráneas, donde las temperaturas elevadas son frecuentes durante la campaña, esta mejora puede representar una ventaja agronómica importante.

5.   Control de malas hierbas. 

La cebada destaca por su rápido crecimiento inicial. En pocas semanas es capaz de cubrir gran parte del terreno, impidiendo que muchas malas hierbas reciban la luz necesaria para desarrollarse. La cobertura vegetal proporciona:

  • Menor germinación de adventicias.
  • Menor competencia por nutrientes.
  • Reducción de labores mecánicas.
  • Menor necesidad de herbicidas.

Cuando llega el momento de incorporar la cubierta vegetal, gran parte de las malas hierbas ya han sido controladas de forma natural, dejando el terreno más limpio para la plantación de la sandía.

6.   Protección frente a la erosión. 

Durante los meses de otoño e invierno es frecuente que el suelo permanezca desnudo tras la cosecha del cultivo anterior. En estas condiciones, las lluvias intensas y el viento pueden provocar pérdidas importantes de tierra fértil. La veza y la cebada actúan como una cubierta protectora que:

  • Reduce el impacto directo de las gotas de lluvia.
  • Disminuye la escorrentía superficial.
  • Evita el arrastre de partículas fértiles.
  • Conserva la estructura del suelo.

De esta forma, la parcela llega a la primavera en mejores condiciones para recibir el cultivo de la sandía.

7.   Menor perdida de nutrientes. 

Durante el invierno pueden producirse importantes pérdidas de nitratos debido a las lluvias. Estos nutrientes se desplazan a capas profundas del suelo y dejan de estar disponibles para los cultivos. La cebada funciona como un cultivo captador:

  • Absorbe nitratos residuales.
  • Los almacena en su biomasa.
  • Evita pérdidas por lixiviación.
  • Los devuelve posteriormente al suelo al descomponerse.

Diversos estudios han demostrado que las mezclas de veza y cebada permiten combinar la fijación de nitrógeno propia de la leguminosa con la capacidad de captura de nutrientes de la gramínea.

En conclusión, la siembra de veza y cebada antes del cultivo de la sandía constituye una de las mejores estrategias de abonado verde para mejorar la fertilidad del suelo de manera natural. La veza fija nitrógeno atmosférico, mientras que la cebada protege el terreno, aporta materia orgánica y evita la pérdida de nutrientes. Como resultado, el agricultor dispone de un suelo más fértil, estructurado y equilibrado para afrontar la nueva campaña de sandía con menores costes de fertilización y mejores condiciones de cultivo.

Sin más preámbulos, esto es todo y nos vemos en la siguiente entrada. 

Un saludo compañer@s.